A las cosas por su nombre

¿VULVA O CHOCHIN?

Que manía tenemos en “renombrar” a los genitales externos con apelativos o diminutivos. Como si la palabra VAGINA o PENE nos diera vergüenza o miedo.

Te propongo un ejercicio. Coge papel y boli y escribe todas la palabras que se te ocurran para nombrar la vagina. Seguro que te salen más de 10 o incluso 15. Haz lo mismo con otras partes del cuerpo, los ojos, la cara, los brazos… Es casi imposible encontrar más de 3 palabras para esas zonas del cuerpo.

Tenemos listas interminables para dirigirnos a esa zona que evitamos pronunciar: chochín, patata, chocho, cueva, concha, almeja….pitilín, manguera, trompa, verga, pito…. Hasta le han dedicado una canción al pene!! “tiene nombres mil, el miembro viril”

a las cosas por su nombre
Puede resultar inofensivo incluso divertido, pero hay que tener mucho cuidado. Llamar a cada parte de su cuerpo por el nombre que le pertenece tiene real importancia, en los niños sobretodo les ayuda a lograr un buen control de sus esfínteres, a poder dirigirse si les duele esa parte del cuerpo o si han presentado algún abuso sexual.

Hay que hablar del pene y de la vagina como hablamos de la oreja o del codo, con total normalidad porque no deja de ser otra parte de nuestro cuerpo. Los niños no deben verlo como algo prohibido o sucio, seguramente haya sido la madre o el padre que se haya puesto colorado al pronunciar: vagina, cuando a la niña le da absolutamente igual llamarlo vagina o “chochín”.

Evocamos nuestros prejuicios a nuestros niños, les damos una visión de los genitales lejos de la realidad, evitando en ocasiones un desarrollo adecuando en la etapa sexual.

La PALABRA es la herramienta indispensable para construir la realidad. Con la palabra describimos sucesos, sentimientos, pensamientos…. De ese modo cuando no conseguimos decir algo por su nombre, ocultamos la realidad, ese momento, esa parte del cuerpo.

Algo que no tiene nombre NO EXISTE

Además de ocultarlo, le quitamos sensibilidad, es decir, es como si allí no estuviera, nuestras neuronas no enviaran ni recibirán tanta información de aquella parte del cuerpo y por lo tanto será olvidada, desconocida, trasladada a un segundo plano.

Dejemos de dirigirnos a nuestros genitales con pudor, asco o miedo. Dejemos que los niños exploren y experimenten con su cuerpo, llamemos a las cosas POR SU NOMBRE.

Autora: Jennifer de la Hoz Guirao (Fisioterapeuta especialista en Suelo Pélvico)